Historia del Hotel Es Molí-Deiá-Mallorca

Al crear esta página web hemos querido incluir un punto muy importante, la historia del hotel con encanto Es Molí en Deiá (Mallorca).
¿Cuándo se construyó?; ¿quién vivió en la mansión?; ¿cuándo se convirtió en hotel?; etc… Estas son sólo unas pocas preguntas que nos suelen hacer nuestros huéspedes, pero hemos querido darles la oportunidad de que conozcan la historia del hotel, les hemos preparado un resumen:
Los primeros 500 años de Es Molí en Deiá (Mallorca)
Fue seguramente un mallorquín muy obstinado, este Joan Masroig que adquirió en abril 1459 la “alquería“(posesión) Es Molí cerca de Deiá, un pueblo pobre en la costa oeste de la isla de Mallorca, con acceso difícil y a casi diez kilómetros de Valldemossa. En un siglo marcado por la pobreza, el hambre y la enfermedad él compró tierra, con olivos y dos molinos.
Ya existían los olivos desde la época romana. Durante la dominación islámica y desde la conquista catalana se fomentó al máximo el aprovechamiento de la tierra para plantar olivos. Los pueblos de las vertientes norte y sur de la Sierra de Tramuntana fueron los pueblos más productores de aceite, pero algunos pueblos como Deiá se dedicaron más al cultivo de árboles frutales. Sin embargo, Deiá contaba con las mejores condiciones para la producción de aceite: tierras calizas y abundante agua.
Fue seguramente un hombre con ánimo, este Joan Masroig, y con perspicacia. Pero él también no hubiera podido imaginarse que algún día la gente vendría a Deiá sólo por el paisaje. Y por el “Es Molí”. Los Masroig no fueron una familia pobre, formaron parte de la Mano Mayor (burguesía rural). A lo largo de los siglos siguientes dos ramas de la familia, Masroig des Molí y Masroig de la Foradada, compitieron en poder e influencia. Y a veces se casaron entre ellos, heredaron o dejaron algo en herencia. Produjeron frutos, sobre todo naranjas de primera calidad. Varias descripciones subrayan también la riqueza y belleza del huerto de Es Molí.
Desafortunadamente, los antiguos documentos iluminan sólo de vez en cuando el desarrollo de estas familias y sus posesiones Es Molí y La Foradada y nos centramos especialmente en el florecimiento de Es Molí.

Por cierto, en esta época la línea masculina de los Masroig des Molí ya se había extinguido (en 1621). Afortunadamente, a principios del siglo XVII se había realizado un doble matrimonio entre las dos ramas y así el patrimonio se quedaba en manos de la familia. Más tarde la familia de la Foradada se convirtió otra vez en des Molí, pero esta familia también se quedó extinguida a finales del siglo XIX y finalmente los Cortey Masroig heredaron el patrimonio de las dos ramas.
Continuemos con la historia de Es Molí. Deiá siguió siendo un pueblo pobre e incluso los pequeños propietarios debían contratarse como jornaleros durante las temporadas agrícolas. Sólo en la segunda mitad del siglo XVIII se vivió una tímida mejora de la situación, con una mayor producción aceitera. Según documentos de esta época hubo en Deiá incluso un cirujano-barbero, dos tejedores de lino y dos telares, un albañil, dos carpinteros, dos herreros, dos zapateros y tres molineros. Pero no hubo escuela y la enseñanza que había era impartida únicamente por el párroco.
Como era costumbre en las familias de la mano mayor, los Masroig des Molí tuvieron una fuerte relación con la Iglesia. Un buen número de sus miembros fueron sacerdotes o religiosos y la Iglesia, no sólo en Deiá, dependió de los legados y las mandas. Los Masroig fueron una familia generosa y sobre todo en los siglos XVII y XVIII establecieron varios beneficios eclesiásticos y pagaron también un altar mayor y el reloj del campanario. Todo esto tuvo un efecto segundario: Así el primogénito como heredero único tuvo la posibilidad de dedicar a sus hermanos y hermanas segundones al servicio de la Iglesia.
A lo largo de los siglos esta familia siempre estaba muy ligada al pueblo y cuando Felipe II autorizó en 1584 la separación de Valldemossa, ya en el primer Consell figuraron miembros de esta familia. Joan Masroig des Molí contribuyó a la edificación de la nueva Universidad lo que fue posible porque, por varios matrimonios y herencias, se había dado un aumento considerable y casi no controlable de patrimonio. Sin embargo, todo ello era un patrimonio modesto comparado con lo alcanzado por muchas familias de la alta nobleza. Después de la expropiación de los monasterios por la secularización en 1835, Es Molí era el patrimonio más importante del municipio y comprendía dos predios grandes, Es Molí y Son Rullan des Molí, tres pequeños trozos de tierra, El Pujol, Can Borràs y Can Maneu, cuatro casas rústicas, dos casas en el pueblo, tres almazaras y un molino harinero, un conjunto de casi medio millón de metros cuadrados de tierra.

A la muerte del cabeza de la familia, Don Joan Baptista Masroig des Molí i Sampol, en 1874 se inició un período de decadencia de una gran familia. Se sucedieron herencias, segregaciones y ventas y la propiedad encogió mucho.

Sólo en 1965, después de haber dormido 30 años, Es Molí vivió una nueva salida del sol. Un comerciante alemán y su familia vinieron a Deiá, se enamoraron de la finca y del jardín, compraron la propiedad y la transformaron en el Hotel Es Molí.
Esto fue de nuevo un paso positivo, como lo que sucedió hace más de 500 años. Pues, en otros sitios también se construyeron hoteles para el turismo floreciendo, sobre todo en las playas de arena. La costa del oeste entre Andraitx, Deiá y Sóller con su paisaje único era “terra incognita”. El Es Molí, aun cuando ya tenía su caleta privada, era totalmente distinto a los grandes castillos de camas y, antes que nada, uno tenía que “descubrirlo”.
En cambio, en los años 1990 hubo de la noche a la mañana millones de personas que conocían este paraíso noble entre la montaña y el mar y lo nombraban así porque el canal de televisión alemán ZDF emitió en estos tiempos 24 episodios de “Hotel Paradies”, una serie muy popular filmada en el Es Molí.
El camino de la alquería con sus almazaras a un hotel-paraíso ha durado más de medio milenio. Si uno hoy en día está contemplando la propiedad magnífica con su hotel, restaurante Ca’n Quet y el jardín exuberante, llega en seguida a convencerse de que este camino verdaderamente ha merecido la pena.


















